YO TAMBIEN CANTÉ EN LA HABANA, por Germán Luna Segura
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YO TAMBIEN CANTÉ EN LA HABANAPublicado por La Tribuna: 04 de Octubre del 2009 | Lima- Perú
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Lo visto y vivido en La Habana, pone a Cuba nuevamente en el centro de la atención del mundo y constituye el punto de inflexión de una historia llena de falta de desentendimientos, en el que sólo el pueblo sufre las consecuencias de haber roto una historia de postración y atraso al expulsar al dictador Fulgencio Batista hace más de 50 años.
Cinco largas décadas de bloqueo y aislamiento hacen que Cuba progresista merezca una oportunidad para ser reconocida por su esfuerzo, no sólo como parte viva del continente integrado en el ideal del desarrollo, sino como fuente de inspiración graficada en esa conducta digna de un país siempre joven y dispuesto a enfrentar cualquiera sea el costo, los siempre enormes retos de su futuro. ¿Pero qué vincula los ideales de
cambio y prosperidad que impulsaron a Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el «Che» Guevara, con los millones de hombres y mujeres que en todo el mundo siguieron lo acontecido en la Plaza de la Revolución en La Habana con Juanes, Bosé y Olga Tañon? Pues la enorme oportunidad de compartir sin filtros por un lado, ni maniobras conspirativas por el otro, los sueños e ideales de un mundo que interactúa simultáneamente -desde La Habana o en Miami, denunciando ese mundo extraño y ajeno, lleno de rehenes y de prisiones del alma en los que la libertad y el bienestar son una exigencia común y sin concesiones.
Por eso es que tras los sonidos que hicieron retumbar La Habana, danzó el mundo entero compartiendo la alegría del canto sin fronteras que traen los nuevos tiempos en los que la gente reclama ser actor y no simple espectador de su propio destino.
Si el bloqueo impuso una cultura de marginaciones, el pueblo aprendió a sortear ese vergonzante muro moral que elevó el imperio por entre los mares y, aún cuando no faltaron voces irresponsables en ambos lados, ya nadie cree ni en el aislamiento del bloqueo, ni en el terco autismo de los que piensan que podemos vivir confrontados por siempre.
Los últimos 50 años nos han enseñado a respetar a Cuba y la forma como cada cubano cultiva el alma, sobrelleva la angustia cuando las cosas faltan y afirma los mismos valores de cambio que trajo la revolución de sus padres y abuelos, poniendo en práctica hoy, como ayer, la solidaridad, esa actitud humana que quiebra fronteras y nos hace a todos iguales.
Bendecidos por la alegría y el calor de su gente, la isla bien merece tener los ojos del mundo sobre sí. Desde allí se han denunciado por años afanes imperiales, pero también voluntades autocráticas. Por eso no es extraño que al llegar el festival por la Paz Sin Fronteras, se cumpliera el anunció de Juan Pablo II de que Cuba se abriría al mundo para que el mundo se abra a Cuba.
Si un millón de personas acompañaron las canciones entonadas por Juanes, Bosé y Olga Tañon en La Habana, es casi seguro que en todo el mundo otros tantos hayamos coreado las mismas canciones, incluyendo naturalmente, a Fidel Castro y al propio Barack Obama.




