Concluido el proceso electoral interno, Mauricio Mulder, líder y secretario general del viejo Partido del Pueblo nos ha revelado la verdad, el traginar de los tiempos nuevos, lo que le espera al aprismo fortalecido.
Ha dicho que los nuevos dirigentes –casi todos muy jóvenes-, representan una ratificación de los postulados de izquierda del aprismo popular, esa que rinde tributo a nuestros muertos y que apuesta por la construcción de esa nueva sociedad que se nos ofreció desde los días inciales de nuestra filiación partidaria y que se traduce en la obra del gobierno popular que lidera nuestro querido . compañero Alan Garcìa
Su discurso -que los apristas reconocemos como nuestro-, mantiene el reclamo auroral de nuestro enfrentamiento a cualquier corruptela, pero también en la necesidad de participar honestamente en el triunfo en las próximas elecciones.
Pero los apristas, que sabemos de dialéctica y esperas que no admiten que las cosas vengan solas, sabemos también que los éxitos de los que se nos habla, se labran con esfuerzo y dedicación. Que nadie crea que es una invitación a celebrar antes de tiempo y que por el contrario, es mayor trabajo en medio de una oferta que sólo es compromiso lo que viene.
Sortear los avatares coyunturales y sobrevivir al paso del tiempo político con una dosis de vitalidad emergente, como la que ponen en evidencia nuestros compañeros, es el mismo elemento del que nuestros enemigos se siguen sorprendiendo todavía.
Ha concluido satisfactoriamente uno de los procesos electorales (acaso el único) en el que la modernización de los partidos políticos implica la democratización de su estructura, ponderando el nivel de quienes aspiran a dirigir el movimiento, promoviendo el estudio de la realidad para afirmar el entendimiento de nuestra tarea histórica: Forjar un instrumento de los que menos tienen, luchar contra la desigualdad, propender a la construcción de un Estado de defensa de los más pobres y forjar la Integración de nuestros pueblos.
Es en ese esfuerzo en el que estamos frente a quienes se quedan aún en lo pequeño y en lo anecdótico. Internamente, y mas allá de las naturales desavenencias que produce un proceso eleccionario, nuestras bases han fortalecido su unidad y todos se sumarán para respaldar nuestro Gobierno y construir ese partido vital, visionario y hayadelatorreano que nos legó la generación fundadora.
Quien no se reconozca como parte de esta hora, quien se quede en la lisonja del que busca sólo satisfacer una apetencia personal, o quien no se sume a este esfuerzo colectivo, pudiera estar entonces, efectivamente lejos del partido, del pueblo y de la obra y el pensamiento de Haya de la Torre que apostó por un aprismo de izquierda que sea obra y ejemplo de moral y juventud... como ahora.
