El escándalo producido por los supuestos vínculos con el tráfico ilícito de drogas por parte de personal de confianza de la congresista del nazi-onalismo Nancy Obregón, han pretendido ser ocultados de la manera más torpe y deleznable.
Una serie de infundios y acusaciones contra el fundador del aprismo y el Partido Aprista, sin ningún sustento, se han lanzado irresponsablemente pretendiendo «minimizar» el impacto de una noticia de primera plana que tiene sabor a golpe certero en el ombligo mismo del humalismo.
La congresista Nancy Obregón no ha deslindado aún como corresponde con su ex asesor -investigado por sus vínculos con el narcotráfico-, sino que además, la aparición de nuevas evidencias muestran un escenario complicado, cuanto más, si como vemos, la conducta personal de la Congresista y sus propios nervios no ayudan y terminan traicionándola de manera reiterada en un tema sensible para la población como es el narcotráfico metido en política.
Reeditando los discursos camorreros del narcotráfico en Colombia, la Congresista aparece en videos «liderando los reclamos de su pueblo» y anunciando además nuevos tiempos, en tanto y cuanto confronta a la autoridad que sustrae y decomisa coca.
¿Es aceptable, cualquiera sea la justificación, que una autoridad enfrente a la Fiscalía y a la policía en un operativo antidroga legal? La respuesta puede abrir una caja de pandora y descubrir a su vez el esfuerzo que realizan los carteles de la droga en el Perú para infiltrar la política. Nada peor podría pasarle al país que enfrentar la organización de la droga en medio de la política y además con mucho mayor éxito que los neo-ensayos con los que se juega en la selva, donde los rezagos de Sendero Luminoso experimentan alianzas nefastas con diversos carteles del narcotráfico.
No hay que permanecer inmóviles ante un hecho que señala claramente la gravedad de lo que sucede. Cuando en los años 80, un ilustre ex Presidente comparó a los asesinos de sendero Luminoso con simples abigeos, ninguneando el problema, perdimos tiempo y la clase política dio muestras de su incapacidad para dar respuesta a los viejos problemas de la nación y enfrentar la violencia en ciernes, debiendo pagar las consecuencias los miles de muertos inocentes y los millones de dólares en pérdidas y atraso que cargamos todos los peruanos desde entonces.
No nos engañemos. Ni la influencia de la droga es nueva, ni los corruptos dejaron de operar en el Estado. Acometamos sin ambages la enorme tarea de fortalecer nuestros valores marcando distancias con quien sea, en un tema más sensible de lo que muchos creen. No olvidemos que cuando el narcotráfico y la corrupción hacen suya la política, acabar con ellos significa, cuando se puede, pagar una factura muy dura y costosa, incluso en vidas.
Finalmente, los infundios lanzados contra Haya de la Torre y el APRA merecen siquiera una respuesta marginal. La nación sabe quien fue el fundador del aprismo y quienes continúan su inmensa obra de amor por el Perú expuestos además, como sucede en este caso, a esta clase de artimañas de quienes creen que tendiendo sombras sobre lo acusadores, cubren su propio delito.
Haya de la Torre es una figura monumental de la historia de este país y en más de una oportunidad el propio Ollanta Humala ha formulado declaraciones en este mismo sentido.
A palabras necias, oídos sordos porque la ignorancia señores, es audaz y perniciosa.